///Sobre los metadatos y la edición literaria

Sobre los metadatos y la edición literaria

Últimamente se escribe mucho en los blogs y artículos del mundo editorial sobre la necesidad o conveniencia de establecer una estrecha relación con los lectores, conocer sus intereses, afinidades, gustos, y editar en consecuencia. Recopilar datos de compra (lo que llaman metadatos) para procesarlos, establecer pautas y conocer así mejor el mercado. En definitiva, se trata de conocer la demanda para elaborar la oferta, en vez de producir a ciegas y esperar que la oferta cree la demanda.

Esta estrategia por supuesto no es nueva. Desde al menos mediados del siglo pasado, con la generalización de la publicidad y los estudios de mercado, el capitalismo empresarial ha buscado ese intercambio de información entre productor y consumidor para vender más. Con la globalización y la introducción e intensificación del uso de internet y las redes sociales ese intercambio sólo se ha perfeccionado hasta limites insospechados. El problema es que el efecto no buscado (al menos al principio) de ese binomio (publicidad/investigación de mercados) es el de homogeneización de la oferta y la demanda. El mismo iPhone, la misma ropa de Zara, el mismo BMW, la misma Coca-Cola, los mismos servicios bancarios son demandados (y por lo tanto ofertados) en todo el mundo. Las peculiaridades geográficas, sociales, culturales son cada vez más irrelevantes.

Volviendo al sector editorial, puede que en determinados segmentos del mercado el basarse en el feedback del lector/consumidor sea una buena estrategia. Hay modas, tendencias, que hacen que se vendan libros masivamente por la temática, el enfoque, etc. No hay más que pensar en los booms de libros de cocina, vampiros adolescentes, erótica para mujeres, etc. Aunque tampoco estamos tan seguros de esto, ya que lo que suele funcionar estupendamente la primera vez, normalmente no lo hace una segunda, y menos una tercera o cuarta.

Donde sí estamos seguros que no es una buena idea seguir esta política es en la edición literaria independiente. Nos podemos romper la cabeza recopilando datos o estableciendo flujos de feedback con los lectores, pero no hay modo alguno de averiguar cuál es el libro adecuado para editar y que sea un éxito (incluso modestamente). Ni siquiera teniendo los datos personales y gustos de todos los potenciales compradores. ¿Por qué? Porque somos esencialmente impredecibles. Y porque la literatura es uno de los últimos reductos de la libertad personal. Ni siquiera el lector sabe qué es lo que le va a interesar o gustar leer a continuación. Si nos analizamos a nosotros mismos, compradores compulsivos de libros, inmediatamente nos damos cuenta que no seguimos ningún esquema ni estrategia de compra. Simplemente paseamos por las librerías, leemos revistas culturales, recordamos otras lecturas, etc. Nos es igual que se trate de novela, poesía o teatro; ensayo filosófico, económico o científico; clásico o contemporáneo; español o foráneo; Sencillamente, no sabemos qué vamos a comprar, qué nos va a atraer la atención. Si es imposible predecirlo incluso para nosotros, ¿cómo lo va a averiguar un analista de datos? ¿Basándose en qué? ¿Últimas compras, “me gusta” en Facebook, búsquedas en Google?

Esto no quiere decir que renunciemos a cualquier clase de comunicación con los lectores de nuestros libros, antes bien al contrario. Hablar de literatura siempre es muy grato y se aprenden muchas cosas nuevas: se descubren nuevos autores, nuevas obras, nuevas perspectivas sobre las ya conocidas, etc. Pero no se instrumentaliza esa relación con el objetivo último de “clonar” la oferta y supuestamente vender más. Queremos tratar a nuestros lectores como personas, amantes de los libros como nosotros, no como consumidores.

La demanda de libros está ahí, las personas queremos historias bien contadas, y queremos ensayos que traten de explicar la realidad que nos ha tocado vivir. Pero a partir de ahí esa demanda es informe o, como mucho, hay un cierto Zeitgeist que flota en el ambiente. Sin embargo, para conocer eso no se necesita un analista de datos sino el olfato del buen editor y una dosis extra de buena suerte.

2016-10-28T17:33:00+00:00 7 Marzo, 2016|Categories: Medios, Noticias|Tags: , , , , |

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